El despertador de mi móvil marcaba las siete de la mañana. Vibró debajo de las sábanas y me obligo a salir de la cama. Detrás de las cortinas el sol no había salido. Recordé: Es mi primer día de instituto. La escuela terminó hacia algunos meses, y septiembre estaba encima mío. Decidí que era hora de levantarme. Agarré mi móvil BlackBerry y miré la hora: Siete y tres minutos. Había perdido solo tres minutos. Me acerqué al escritorio para cojer el peine y vi tristemente la fotografía de la clase cuando estábamos en la escuela. Sentí necesidad de llorar, pero no lo hice. Abrí la puerta y me dirigí al baño. Me peiné y me lavé los dientes.Me lance el pelo negro para atrás y me puse las gafas cuadradas verdes. No sabía que ropa ponerme. Opté por una camiseta negra de manga caída con la transcripción "Enjoy little things", shorts, piernas al descubierto y mis inseparables converse negras. No creía que fuera guapa, era normal. Mi madre estaba levantada. Almorcé y corrí a mi cuarto a cojer la mochila. Negra a topos, de Roxy. Hice la cama y me metí a Black-Toki (Como llamo yo a mi BlackBerry) en uno de los múltiples bolsillos de la mochila.Antes de salir de la puerta, mi madre me dijo que despertara a mi hermana menor. Protesté, pero lo hice. No se levanto, solo me lanzo un cojín. Eso fue todo. Murmuró "Buena suerte". Libre, me pude ir. Mi instituto estaba lejos, así que tomé el autobús. Estaba lleno de estudiantes. Yo miré a otro lado. El autobús se detuvo.Ya habíamos llegado. Era un edificio imponente encima de una colina en el que entraban millones de estudiantes. Me quedé mirando, hasta que alguien empujó y me di cuenta que todo el mundo había bajado, menos yo. Pagué al conductor y bajé con rapidez. No quería que nadie me viera, así que subí corriendo. Me detuve en la entrada, para cojer aire. El ruido de un coche me asustó. Una chica rubia bajó de el. Me vio y se fue con aire de arrogancia. Una primera campana sonó y entré con rapidez. Un tablón enseñaba en que clase estábamos. Yo,en primero A. Según un mapa me dirigí a la clase. Me senté en un sitio de la primera fila. Estaba nerviosa y no me atreví a mirar a mis compañeros. Noté una mano en la espalda. Una chica de pelo marrón me miraba preocupada:
—¿Estás bien? Parecías desanimada...
—Tranquila, estoy bien. Un poco nerviosa.
—Yo estoy hecha un saco de nervios, te entiendo. Vaya, esto de empezar de nuevo es horrible—se sentó en el pupitre de al lado mío y resopló.
Lo entendí. ¡ERAMOS VECINAS DE PUPITRE! Por eso me había visto con los brazos cruzados y la cabeza encima del pupitre. No me hablaba, ya. Saqué mi libreta de apuntes y le escribí "¿Como te llamas?". Y se lo lancé como un avión. Lo vio, cogió un lápiz de mina y me respondió. "Me llamo Merie", fue su respuesta. Decidí terminar el rollo de los papeles, me levanté y le hablé:
—Me llamo Ami. Un gusto
Y me dí cuenta. Sus cabellos eran rubios. Era culpa del sol la confusión. La reconocí: Era la rubia guapa que había visto a la entrada:
—Nos habíamos visto antes y no me dijiste nada...¿Porque ahora me hablas?